martes, 3 de agosto de 2010

sobre la realidad del mito 1

James George Frazer, La rama dorada, p.329.

     "Cualquiera que fuese el origen, el ciclo óctuplo parece haber coincidido con la duración regular de un reinado en otras partes de Grecia, además de Esparta. Así, Minos rey de Cnossos, en Creta, cuyo magnífico palacio ha sido descubierto no hace muchos años, se dice que ocupaba su puesto puesto por períodos de ocho años seguidos. Al final de cada período se retiraba por una temporada a la cueva "oracular" del Monte Ida, donde se ponía en comunicación con su divino padre Zeus, dándole cuenta de su mandato real en los pasados años y recibiendo instrucciones para guiarse en años venideros. La tradición implica que al final de cada período de ochos años necesitaba el rey renovar los poderes sagrados por comunión con la divinidad y que sin tal renovación perdería su derecho al trono. 

     Sin ser demasiado aventurado, podemos conjeturar que el tributo de las siete doncellas y siete donceles que los atenienses tenían obligación de enviar a Minos cada ocho años, tenía alguna relación con la renovación de los poderes reales para otro ciclo óctuplo. Variaban las tradiciones respecto al destino que aguardaba a los mancebos y damiselas a su llegada a Creta, pero en opinión general parece que eran encerrados en el Laberinto para ser devorados por el Minotauro o al menos quedar aprisionados para siempre. Quizá eran sacrificados quemándolos vivos dentro de un toro de bronce o de una imagen de hombre con cabeza de toro, con objeto de renovar la fortaleza del rey y del sol, a quien personificaba. Esto, en todo caso, lo hace sugerir la leyenda de Talos, un hombre de bronce que abrazaba contra su pecho a la gente y se arrojaba al fuego con ella, que moría abrasada. Se cuenta que se lo había entregado Zeus a Europa o Hefaistos a Minos para guardar la isla de Creta, a la que él vigilaba dando tres vueltas a su perímetro cada día. Según otro relato era un toro y según otro más, el Sol. Probablemente estaba identificado con el Minotauro y, despojado de su forma mítica, no sería otra cosa que una imagen broncínea del sol representado como un hombre con cabeza de toro. Con el designio de reavivar los fuegos del sol serían sacrificadas las víctimas humanas al ídolo, quemándolas dentro de su cuerpo hueco o colocadas en sus manos inclinadas de tal modo que por declive rodaran a un foso de fuego. Ésta fue la manera como los cartagineses sacrificaban sus niños a Moloc; las criaturas eran colocadas en las manos de bronce de una imagen con cabeza de ternero, desde las que se deslizaban dentro de un horno encendido, mientras la gente bailaba al son de flautas y panderos para ahogar los gritos de las víctimas que se quemaban. El parecido que aportan las tradiciones cretenses con la costumbre cartaginesa sugiere que en el culto asociado con el nombre de Minos y Minotauro puede haber influido poderosamente el culto de algún Baal semítico. La tradición de Falaris, tirano de Agrigento, y su toro de bronce, puede ser un eco de ritos similares en Sicilia, donde el poder cartaginés echó prfundas raíces."

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